Experiencias

Ser madre sí, pero cuando lo decides

Paso de largo la treintena y estoy soltera. Como muchas mujeres de hoy en día no había encontrado “ese príncipe azul” que nos venden desde que somos niñas, o me había vuelto muy exigente. El caso es que siempre he disfrutado de mi libertad, y con el paso del tiempo, he aprendido a disfrutar de no ser una veinteañera llena de miedos e inseguridades y de haber aprendido a tomarme el sexo, como lo que es, algo bueno y natural.

Creo firmemente que tenemos la obligación de ser responsables cuando algo no sale como lo habías previsto.

Prefiero omitir los detalles del cómo y del dónde, ya que no creo que interesen a nadie, al fin y al cabo, el mecanismo es igual para todos; sí, recalcaré la importancia de saber que, si algo falla, tengo la posibilidad de tomar medidas, de que me informen y de buscar la mejor solución.

Como decía lo bueno de hacerse mayor, entre otras cosas, es ir perdiendo esa vergüenza adolescente o de juventud que puede llevarte a cometer errores porque no te atreves a preguntar.

En el momento en el que necesité la píldora del día después no lo dudé. Tras preguntarle mis dudas al farmacéutico, en un momento de cierta calma en la farmacia, tampoco hace falta dar detalles al público asistente, lo tenía claro. “Deme la más eficaz, por favor” le dije.

He de reconocer que no me quedé tranquila hasta que me bajó la regla, siempre hay alguna posibilidad y, aunque con treinta y tantos años el quedarse embarazada sin quererlo no es el mismo drama de cuando tienes veinte, sí me gusta llevar las riendas de lo que sucede en mi vida, yo elijo cuándo, yo elijo cómo.

Por cierto, me gustaría añadir que de esta historia hace ya algún tiempo, a día de hoy tengo pareja y ¡estamos esperando nuestro primer hijo!  Como ya he dicho se trata de tener la posibilidad de tomar tú misma tus propias decisiones y poder marcarte tus tiempos.



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