Experiencias

Siempre hemos sido muy cautelosos pero…

Era la primera vez en 8 años, la edad que tiene mi hijo mayor, que nos tomábamos unas mini vacaciones sin niños. Decidimos que, por nuestro décimo aniversario, nos merecíamos algo especial y abandonamos el calorcito de nuestra Sevilla del alma en pleno julio para irnos a pasar unos días a Canarias.

La verdad es que me tocó hacer las maletas deprisa y corriendo, porque antes de coger el avión que nos llevaría a nuestro destino final, tenía que recoger a los niños del campamento urbano para después llevarlos a casa de mis padres en Matalascañas. Recuerdo que fue una locura de día. Idas, venidas, maletas, niños… un caos.

Al llegar al aeropuerto, nos dimos de frente con la realidad: el vuelo había sido cancelado por huelga de controladores aéreos. Como estábamos desesperados por salir y relajarnos en la playita, reservamos el primer ferry que partía de Huelva destino Canarias.

En el camarote, me encontré con una botella de champán y la cama llena de rosas. Todo un detallazo de mi marido para celebrar nuestro aniversario. Detalle que según me confesó posteriormente, debido a la rapidez y urgencia con la que finalizamos la reserva, no esperaba que fuera a pasar, pero pasó e hizo su efecto.

A pesar de todas las prisas, cambios de planes y carreras, estábamos allí e iba a ser una noche maravillosa. Sin preocupaciones y siendo el uno, el centro de atención del otro. Hicimos el amor como hacía años que no lo hacíamos; ¡parecíamos recién casados!

Durante la noche navegamos a Canarias; fue por eso por lo que no me di cuenta hasta la mañana siguiente, en el momento de ir a tomarme la píldora cuando me percaté de que se me había pasado por completo meter las pastillas en la maleta. Consecuencia de tener que estar siempre pendiente de las cosas de los demás es que una tiende a olvidar sus prioridades.

Nada más poner un pie en Canarias, fuimos a la primera farmacia que encontramos para comprar la píldora del día después.

Este tipo de descuidos no son habituales en mí, pero la verdad es que me quedé mucho más tranquila una vez tomada la píldora del día después. Siempre hemos sido muy cautelosos; más que nada porque, aunque sería maravilloso que nuestra familia creciera, no nos planteamos tener un tercer hijo ahora mismo.

Como madre tienes que estar siempre a mil cosas y a mí, esa vez, se me pasó una de ellas. Desde entonces, siempre llevo la píldora anticonceptiva en mi bolso. Sin embargo, estoy tranquila porque sé que, si mi cerebro se despista y fallo, tengo otra oportunidad. No hay mal que por bien no venga, ¿no?



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